jueves, 23 de septiembre de 2010

Adaptacion a la Guarderia

Todos me habían advertido que la adaptación a la guarde era difícil, que los primeros días eran duros y que todos los niños lloran y todas las madres también. Pero yo tengo un niña muy sociable, acostumbrada a estar con mucha gente y a tratar a desconocidos a diario, y estaba completamente convencida de que ella iba a estar encantada en la guardería, rodeada de otros nenes, como dice ella, y con tantos juguetes y actividades para hacer.
Tuvimos la primera reunión en la guardería con la profesora y los otros padres, y ella estaba encantada jugando en su clase, riendo como una loca y a su bola total. Luego nos volvimos a reunir otro día con su profesora Vanesa y nuevamente ella genial, por la clase saltando en las colchonetas y toqueteandolo todo. Así que yo estaba tan tranquila, convencida de que no le iba a costar nada acostumbrarse a estar allí.
El primer día de adaptación la llevo a la clase y sale corriendo gritando como una loca "nenes, nenes", jugando por allí con las pelotas y los otros niños. Me marcho aguantando las lágrimas de separarme de mi niña pero tranquila de ver que ella se queda genial. A las dos horas vuelvo a por ella y... me la encuentro en brazos de la profesora llorando desconsolada. Cuando me ve se lanza a mis brazos y Vanesa me dice que se ha tirado las dos horas llorando así y llamándome, que no había quien la calmara. Me voy a casa y se lo cuento a mi marido, incrédula y asombrada por que no me lo esperaba en absoluto, y ambos pensamos que tal vez se ha asustado o algo así.
El día siguiente la saco del coche y según ve la entrada de la guarde se pone a llorar y a mirarme con cara de "qué he hecho yo para merecer esto". La dejo en el suelo y llora desconsolada. Me marcho y la veo desde la ventana de fuera buscándome y llamándome... creo que se me va a partir el corazón. Cuando vuelvo a recogerla a las dos horas sigue llorando, roja como un tomate, con los mocos caídos y un sofoco tremendo. Vanesa me vuelve a decir que no ha habido forma de calmarla en todo el rato.
La adaptación continua y cada día se queda más tiempo. Cada mañana es un drama dejarla allí, se me agarra al cuello, a la pierna o a donde pilla y llora desconsolada mientras grita "no mamá, no mamá, no mamá"... para mi es traumático e imagino que para ella también. Cuando la recojo siempre está llorando, aunque su profe me dice que cada día está mejor y que ya apenas llora en toda la mañana, que es cuestión de tiempo y que hay niños que necesitan más tiempo que otros.
Me encuentro muy confusa por que parece que le ha cambiado hasta la personalidad. Ya no está alegre nunca, está tristona, llorando por todo, y se ha vuelto de repente super dependiente de mi. Antes solía jugar sola durante mucho rato, y estaba a su aire por la habitación, pero ahora no me pierde de vista ni un segundo, a veces se agarra de mi pierna y no hay forma de que me suelte. Y por las noches no descansa, ha pasado de dormir del tirón toda la noche, a llamarme cada media hora, como para comprobar que estoy ahí.
Todas las mañana le repito el mismo discurso: Mamá se va pero tu no te quedas sola, estás con Vane y con los nenes, y sabes que luego vengo a por ti para ir a casa otra vez. Te quiero mucho y esta tarde vamos a jugar juntas y a bajar al parque.
Sé que me entiende aunque es muy pequeña, pero no parece que esto la consuele demasiado.
Será cuestión de esperar un poco más, a ver qué pasa.

Compaginar vida laboral y familiar

Esta expresión nunca ha sido tan literal como en mi caso.
Desde que me quedé embarazada, mi idea fue la de ocuparme de mi bebé yo misma, por lo menos el primer año. No soy muy adepta a la idea de que sean los abuelos los que se ocupen, y tampoco me gustaba pensar en dejarla en la guarde con cuatro meses. Ya sé que esto es lo que hacen muchos padres del mundo, por que no tienen otras opciones o por preferencia personal, cosa que respeto y que no critico en absoluto. Pero yo prefería barajar otras opciones.
Tras mucho meditarlo, mi marido y yo llegamos a la conclusión de que era imposible que yo dejara mi trabajo, no solo por motivos económicos, que son importantes, sí, pero teníamos otros muchos motivos personales y difíciles de explicar. Trabajo en una empresa familiar, con muchos miembros de mi familia, quizá con esto lo digo todo.
En fin, que precisamente por este motivo, se me ocurrió una posible solución: organizarlo todo para traerme la niña al trabajo. Al principio los demás no lo tenían muy claro, y es cierto que había muchos inconvenientes, pero nada que no se solucionara organizandonos bien. Les pedí un mes de prueba, y si veíamos que era un problema, buscaría una guardería.
Así que el día 2 de Enero, tras mi baja maternal y con mi bebé de cinco meses, me presento en mi oficina dispuesta a demostrarles a todos que puedo compaginar mi trabajo con el cuidado de mi bebé.
Me organicé de la siguiente manera: mi oficina está dividida en dos partes, una más a la vista y más de paso, y otra a continuación, más discreta. Así que en esta segunda preparé una cuna de viaje con juguetes y una mantita, junto al radiador, y la tapé con un biombo de forja. Además me llevé el portabebés, para poder tenerla a mi lado bajo mi mesa en caso de que no quisiera dormir o llorara. En la oficina también está mi hermana, quien se ofreció a echarme una mano en lo que hiciera falta, encantada ante la idea de tener a la sobri al ladito toda la mañana. A parte de esto, hablé con mi madre y con mi suegra, las dos ansiosas por ayudar, y les propuse que se la quedaran una mañana a la semana, cosa que aceptaron entusiasmadas. Esto fue en realidad un plan estratégico, por que por un lado yo tenía una o dos mañanas a la semana libres para poder moverme, visitar a mis clientes, ir a los bancos... y por otro lado, cada abuela tenía una mañana para disfrutar a la niña, llevarla al parque, pasearla, comprarle cosas, enseñársela a sus amigas... esto me ha ahorrado muchas situaciones de compromiso por que no he tenido que hacer todo esto yo en mi tiempo libre.
Bueno, el primer mes fue todo un éxito. Llegábamos por la mañana, le daba el desayuno, se dormía una horita, luego estaba un rato en la cuna de viaje entretenida con sus juguetes, otro rato en el portabebé junto a mi mesa... se nos pasaron los meses volando, y tuvimos que añadir otros elementos según la niña fue creciendo, como un correpasillos, una pizarra con ceras para pintar, una silla de bob esponja (su favorito), pelotas, un andador con ruidos y botones... al cabo de los meses, todos los clientes estaban acostumbrados a ver a la niña y sus trastos por la oficina, algunos incluso venían a propósito a verla.
Así hemos estado hasta que Eire ha cumplido los trece meses, tan felices todos de tenerla en el trabajo, y ella encantada de estar rodeada de su abuelo y sus tíos.
Ha sido una experiencia extraordinaria, sobre todo como madre, haberme podido ocupar todo este año de su crianza. También hemos tenido momentos difíciles, sobre todo a partir de que empezó a andar, a los doce meses, que no había quien la controlara, y algunos días era agotador si había mucho trabajo ocuparme de lo mío y de que la niña no molestara y estuviera atendida. Pero ha merecido la pena totalmente.
Y esta aventura se ha acabado, por que en septiembre empezó la guardería.
Cómo son las cosas, ahora no hay día que no la echemos de menos y que no nos parezca que la oficina está vacía sin ella. Todos, incluso los que estaban más reticentes a que la trajera al trabajo, estamos deseando que llegue diciembre y las vacaciones, para poder tenerla de nuevo con nosotros.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Por qué sentirte orgulloso de ser un mal padre.

¿Qué es lo peor que puedes hacer a la hora de tomar decisiones sobre cómo vas a educar a tu bebé? Leer guías y opiniones de supuestos expertos en el tema.

De repente te encuentras en un universo paralelo en el que cualquier cosa que hagas, estará mal, traumatizará a tu hijo y lo convertirá en un adulto con problemas. Y por supuesto a ti en un mal padre.

No se me olvidará la observación de mi amiga Esther, que fue mamá dos meses antes que yo, cuando una compañera de trabajo le regaló el libro "Duermete niño", y dos días después, otra compañera le regalo el "Besame mucho", que es el anti-duermeteniño. Y yo le pregunto, ¿y qué tal están? Y ella me responde: no pienso leer ninguno, ¿para qué? si se contradicen entre sí.
Y no le falta razón.

Yo personalmente me leí en el embarazo el "Duermete niño", me gustó, me resultó bastante lógico, y aunque no lo he seguido nunca al pie de la letra, sí que he tomado nota de algunas cosas que me han sido muy útiles. Por ejemplo el tema de las "rutinas del sueño", que el niño tenga siempre las mismas cosas alrededor cuando se va a dormir, que las asocie con el hecho de que ha llegado la hora de dormir. Otra cosa que he hecho guiada por el libro, es que cuando mi niña llora en la cuna, no la saco de la cuna para consolarla. Pero no la dejo llorar. La meto en su cuna, le leo un minuto, le canto una canción, casi siempre la misma, y luego apago la luz y salgo de la habitación. Esto, ahora funciona de maravilla y mi pequeña se duerme solita y solo en contadas ocasiones me llama para que entre una vez antes de dormirse. Es una maravilla por que a mi marido a y a mi nos parecía super importante que ella fuera capaz de dormirse sola. Pero llegar a esto nos ha costado sudor y lágrimas. Sobre todo lágrimas.

Hasta los cinco meses no hubo problema, ella tomaba pecho, así que solía quedarse dormidita plácidamente enganchada a mi pecho, así que la metía en su cunita y a dormir hasta la siguiente toma. Cuando empezó a tomar biberón, las cosas cambiaron. Aunque es cierto que empezó a dormir toda la noche del tirón, al sentirse más saciada que con el pecho, en este momento comenzó nuestra lucha a la hora de dormirla.
Decidimos enseñarla desde el principio a dormir sola, así que comenzamos la "rutina del sueño", lo que ocasionaba normalmente llanto instantáneo en el momento en que salíamos de la habitación. Así que comenzamos a hacer nuestra propia "rutina tortura-padres": acostábamos a la pequeña, salíamos de la habitación, ella lloraba, entraba yo, la consolaba (siempre sin sacarla de la cuna), le cantaba, le ponía el chupe, y fuera otra vez, otra vez lloraba, esperábamos un minuto, entraba mi marido, la consolaba, salía de la habitación, ella lloraba, entraba yo, consuelo, cancioncita, salía yo, llanto, un minuto, entraba él, consuelo, salía él, llanto, un minuto... hasta una hora alguna noches... agotador.

Y a todo esto, no dejas de preguntarte ¿y si lo estamos haciendo mal? Así que después de casi un mes siguiendo este procedimiento, comenzamos a buscar información, en libros, guías, internet... !gran error!

Aquí empezó la locura. Y es que no sé si es que cualquier cantamañanas puede publicar un libro autoproclamándose experto en la materia, o qué.
No voy a mencionar nombres, y además solo voy a dar algún ejemplos, que si no no acabo.
El tema del sueño infantil es de los más comentados entre los expertos, y de los más contrariados. Que aprendan a dormirse solos, que los duermas en brazos, que los acunes y los cantes, que les relajes con música o algún aparato de estos con luces y colores (algún listo incluso recomendó ponerle una tele en la habitación para ponerle vídeos relajantes hasta que se durmiera), que nos les pongas nada de eso, que te quedes a su lado en la cuna para aumentar su confianza hasta que se duerma, que no se te ocurra quedarte, que los dejes llorar a intervalos de no sé cuantos minutos, que no se te ocurra dejarles llorar...
Y esta falta de unión de ideas ocurre en todos los temas relacionados con la educación.
Una psicóloga supuestamente super experta en el tema de la educación infantil recomienda evitar que el niño llore en todo momento, aunque esto implique estar observandole continuamente para poder adelantarse a sus necesidades y exigencias. Va más allá, explicando el gran impacto psicológico que tiene en los niños recibir negativas de parte de sus padres, así que hay que evitar darles cualquier tipo de negativa. Esta experta reconoce que no se les puede decir que sí a todo, por que hay cosas nocibas para su salud, así que lo que hay que hacer es evitar la situación en la que hay que negarle algo al niño. Y para entender mejor todo este amalgama de sabiduría, pone el siguiente ejemplo: si como padre entiendes que no es saludable que tu hijo coma unas chucherías, no le lleves al supermercado para evitar que las pida, o si no tienes más remedio que llevarle, evita pasar por los pasillos donde hay expuestas chucherías, o galletas, o chocolates. Y por supuesto, elije la caja para pagar que no tenga caramelos ni chicles expuestos junto a la caja registradora.
Y aquí me imagino a mi amiga Marimar, con tres niñas, que va al super cargada hasta las orejas, haciendo la compra evitando pasar por no sé cuantos pasillos, buscando la caja que no tenga al lado caramelos, ni chicles, ni tonterías de Hello Kitty. Y sin decirle que no a nada a ninguna de las tres.
Vale, ahora yo me pregunto, ¿esta es una forma realista de educar a un hijo? ¿Puedes limitar tus acciones en la vida real para que tu hijo no necesite nunca que le digas que no? Y a parte, ¿realmente queremos que nuestros hijos crezcan con la idea de que nunca se van a encontrar en la vida con una negativa?
Yo, que soy de la quinta del 78, y he crecido recibiendo capones de mis maestros, cachetes varios de mi madre, la mirada de "firmes" de mi padre, y algún que otro tirón de orejas, no puedo dejar de plantearme qué clase de persona adulta puede ser mi niña, si crece sintiendo que recibir una negativa es algo malo y traumático. ¿Qué ocurrirá en el cole, cuando suspenda una asignatura? ¿Y cuando una niña no quiera ser amiga suya? ¿Y cuando no la mire el chico que le gusta?¿Y cuando comiencen con los yatellamaremos en las entrevistas de trabajo? Por que si lo pensamos bien, ¿a cuantas negativas nos hemos enfrentado y nos enfrentaremos a lo largo de nuestra vida? ¿No sería más lógico educarles para que aprendan a lidiar con las negativas, a ser felices a pesar de ellas y a superarlas?
Así que sin querer ser catastrofista, ¿no estaremos criando de esta manera un ejercito de psicópatas acostumbrados a tener siempre lo que quieran, cueste lo que cueste?

Bueno, a mi que me perdonen los que quieran seguir este tipo de consejos, con todos mis respetos, yo prefiero ser una mala madre. Prefiero traumatizar a mi hija andando por toda la casa detrás de ella, diciéndole con el dedo que NO, cada vez que quiere tocar un enchufe o un cable, o coger una figurita del mueble. Y seguiré traumatizándola en el futuro, diciéndole que NO cada vez que se ponga caprichosa, o que intente salirse con la suya montando un pollo, o cuando no quiera estudiar. Y seguiré diciendo que NO, cuando llegue a la adolescencia y quiera hacer cosas perjudiciales para ella, que las hará, por que para eso están los adolescentes, para hacer locuras y tonterías mientras aprenden a ser adultos.

Y mientras, yo estaré con ella para ayudarle a convivir con los NOS de la vida, enseñarle a superarlos y a ser feliz a pesar de ellos, orgullosa de ser una mala madre.