jueves, 4 de septiembre de 2014

Alsacia en 4 días

Guía de Alsacia en 4 días.

Alsacia ha resultado ser un destino ideal para ir en familia: los pueblos alsacianos son fáciles de ver paseando, las distancias entre pueblos son cortas y con agradables paisajes para disfrutar en los desplazamientos.  Además, a finales de septiembre el tiempo ha sido generoso con nosotros y hemos disfrutado de días soleados con más de veinte grados de temperatura.

Al ser un grupo grande (siete adultos y una peque de cuatro años), buscamos un recorrido que nos agradara a todos y que no resultara muy cansado. La experiencia a sido maravillosa y hemos traído recuerdos preciosos. 


Lunes 24 de septiembre de 2013

Llegamos a Estrasburgo a las doce del medio día, tras cuatro horas de coche desde Bélgica. Elegimos el Hotel Confort Inn Strasbourg (http://www.comfortinn.com/es/hotel-strasbourg-france-FR237) por precio, 45 € la noche, pues  en la ciudad de Estrasburgo para esas fechas los precios estaban disparados, y por disponibilidad, pues no conseguíamos cuatro habitaciones en el mismo hotel. El hotel resultó un acierto: las habitaciones pequeñas pero muy limpias y cómodas, con baño completo, parking gratuito y aunque está a las afueras de la ciudad, en menos de diez minutos paseando te plantas en el centro.

Vamos directos  al hotel y no tardamos mucho en encontrarlo a pesar de que el barrio está todo en obras y es un caos. Hacemos el cheking, dejamos maletas   y nos vamos al centro dando un tranquilo paseo junto al río. El día es soleado y  agradable y en menos de diez minutos llegamos al Barrage Vauban, las exclusas fortificadas, por las que cruzamos hasta la Place Quartier Blanc, donde nuevamente cruzamos el río por el precioso Pont Couvert. Ya estamos en la Petite France.

Estrasburgo

Aunque no es ni la una del medio día, mis tíos (que viven en Bélgica y están acostumbrados a los horarios europeos) insisten en que deberíamos comer ya, por los horarios franceses (a nosotros como buenos españoles nos cuesta mucho adaptarnos a estos horarios tan tempraneros).  Pero hacemos caso y  nos sentamos en la terraza del Restaurante Au Fantasinn, con vistas del canal y los Quais. (http://www.tripadvisor.fr/LocationPhotoDirectLink-g187075-d3415728-i59675524-Au_Fantassin-Strasbourg_Bas_Rhin_Alsace.html). Comemos el plato del día, un escalope de pollo con pasta y tomate (por 8 euros y aparte bebidas) y de postre compartimos   una típica tarte flambee de plátano y chocolate. La tarte flambee es uno de los platos más típicos de la zona, pueden ser dulces o salados, y es una especie de pizza (salvando las distancias), con una masa super fina y crujiente, horneada. 

Tras la buena comida y las buenas cervezas alsacianas nos vamos a recorrer el centro de la ciudad.

Estrasburgo  es una ciudad increíblemente bonita  y como hace un día tan agradable las calles parecen resplandecer.  Mi marido  y yo hablamos de lo diferente que parece la ciudad, ya que hace diez años que la visitamos y nos hizo un día de lluvia y viento horrible que no nos dejó disfrutarla en absoluto.  Viéndola ahora, nos parece una ciudad completamente diferente y nos encanta. Así que vamos entusiasmados recorriendo cada calle, plaza o callejón.

Subimos por la Gran Rue hasta la plaza de Gutenberg, seguimos por Grandes Arcades hasta la animada plaza de Kléber, rebosante de gente.
Estrasburgo

 Recorrimos sin prisa cada callejón entre la Rue Dome y la Rue des Orfevres y salimos hasta la plaza de la catedral.
Estrasburgo

La catedral nos parece preciosa y aunque no entramos dentro, dedicamos un buen rato a verla desde fuera y recorrer la plaza y sus alrededores.

Estrasburgo

Hay que aprovechar que la peque se ha quedado en el carro dormida y nos da dos horas de margen para pasear por todo el casco histórico. 


Hablando de carro… bendito carro. Mi hija tiene ya cuatro años y no lo utiliza nunca, por lo que nos planteamos no llevarlo… meno mal que al final cambiamos de opinión y lo llevamos con nosotros, por que hubiera sido una tortura para la niña y para nosotros.

Al atardecer descansamos un rato mientras probamos  unas cervezas alsacianas en Les Berthom, una cervecería muy bonita de la rue des Tonneliers. (http://www.lesberthom.com/les-bars/les-berthom-a-strasbourg/).  Los alrededores tienen mucho ambiente  y las terrazas de los bares están a tope.

Tras el descanso terminamos el día recorriendo de nuevo la Petite France, mientras anochecía y se iba iluminando, disfrutando de las vistas desde los puentes y haciendo mil fotos, para aprovechar la preciosa luz. Antes de que se hiciera de noche del todo, nos sentamos un rato en un parque de la Petite France para que Eire juegue un rato en los columpios.

Petite France, Estrasburgo

Aunque era pronto (para nosotros), decidimos cenar antes de ir para el hotel.  Cenamos algo rápido en un puesto de comida mejicana de la Grand Rue y tras un paseo hasta el hotel, nos fuimos directamente a descansar. Había sido un día muy largo.


Martes 25 de septiembre.

Nos levantamos pronto y desayunamos en el hotel. El desayuno no estaba incluido y eran 10 € por persona, pero la verdad es que era muy completo y todo estaba muy bueno: huevos, tortitas, tostada, bollería…

Con las pilas bien cargadas nos ponemos en marcha y antes de abandonar Estrasburgo, nos vamos en coche a recorrer la zona de las instituciones europeas. Las vemos por fuera y paseamos por los alrededores.

Instituciones Europeas, Estrasburgo

Mientras el resto hace una visita más a fondo de la zona, yo me llevo a la niña al Parc de L´Orangeríe.

Parc de L´Orangeríe, Estrasburgo

El Parque resultó ser un sitio precioso.  Corremos por las extensiones de hierba verde, pasamos un rato en los columpios y todos reunidos de nuevo,  visitamos a los animalitos del mini zoo.  Pensábamos que sería algo más sencillo, pero resulta que hay canguros, monos, cabras, muchos tipos de aves y patos… Antes de irnos, nos asomamos al lago y vemos que ya hay gente alquilando barcas de paseo, pero por muy tentador que parezca, decidimos seguir nuestro camino y comenzar a disfrutar de los pueblitos Alsacianos.

Salimos de Estrasburgo y tomamos la A352 hasta Obernai, la primera gran sorpresa del viaje.  Nada más entrar, descubrimos un pueblo lleno de casas de colores, con entramado de madera, pendones y banderines medievales, torreones y callejuelas llenas de encanto.

Obernai

  Aparcamos el coche junto a la iglesia de Saints Pierre et Paul, en unos aparcamientos públicos, y visitamos la iglesia por dentro, bastante sencilla, pero con un precioso techo decorado con frescos.

  Mis tíos vuelven a insistir en que se nos está  haciendo tarde para comer.  Menos mal que los llevamos a ellos, si no, no hubiéramos conseguido comer ni un solo día. En esta zona, se toman muy en serio lo de los horarios de las comidas, lo que nos sorprende un poco, al ser tan turístico, y no es fácil encontrar un sitio donde comer más allá de la una, o donde cenar más allá de las nueve.

 Bajamos hasta la plaza del mercado y continuamos por la calle del mercado. Todo a nuestro alrededor nos sorprende y nos parece tan bonito, que vamos ensimismados haciendo fotos a todas las fachadas.

 Mientras tanto, vamos mirando las ofertas de los restaurantes, a ver si encontramos algo que nos interese. Como somos ocho, hay diversidad de opiniones, los que prefieren comer un buen menú sentados en un restaurante, los que prefieren algo rápido para no perder tiempo… finalmente encontramos algo al gusto de todos casi al final de la calle, en Saveurs Bretzel, una panadería donde hacen unos bocadillos calientes deliciosos con pan artesano, embutidos, salchichas, ensalada, hiervas aromáticas… Tienen una pequeña terraza y como hace sol, nos sentamos a comer con unas cervezas unos bocadillos buenísimos.

Continuamos recorriendo el precioso pueblo bajando por la calle del mercado hasta las murallas, donde no nos pudimos resistir a comprar una bolsa de riquísimas pastas en Maison Alsacienne de Biscuiterie. La verdad es que en esta zona tienen una excelente política  publicitaria:  en la puerta de las tiendas de pan, galletas y dulces hay siempre alguien repartiendo muestras. Y claro, una vez que lo pruebas estás perdido, terminas comprando una bolsa entera. Eso sí que es tener fe en tu producto!!

Continuamos por la Rue du General Gouraud viendo los edificios de colores hasta la Pl de L´Etoille, donde hay un carrousel antiguo y sacamos unos tikets a la niña para que disfrute un rato.
Obernai
 Tras tomar un café en la plaza, en la terraza del S´Bier Eck,  nos vamos para el coche y salimos de Obernai  por la D109 hasta el monasterio de Sainte Odile.
Las vistas desde el monasterio son increíbles y los edificios que lo componen (convertidos ahora la mayor parte en un hotel)  son de estilo medieval. El monasterio se fundó en el siglo VII por Odilia de Alsacia, patrona de la región y es lugar de peregrinaje desde la edad media.
Coincidimos con tres autobuses de españoles que lo invadieron todo, así que tuvimos que tomarnos la visita con calma para poder disfrutar de las vistas y sacar alguna foto decente. Lo más destacable son las vistas desde los miradores,   el interior de algunas de las capillas, donde hay unos impresionantes mosaicos vidriados en oro y el claustro.

Sainte Odile


Continuamos la visita pasando por Barr, un pequeño y agradable  pueblo donde dimos un breve paseo por algunas de las calles del centro  y Mittelbergheim, donde dedicamos el resto de la tarde a pasear por las preciosas calles medievales y adentrarnos en los viñedos.

  En la entrada del pueblo, hay un mirador con unas preciosas vistas de las colinas de los Vosgos, repletas de torreones y castillos y con las laderas surcadas de viñedos.  Como es finales de septiembre, los viñedos tienen un brillante color verde y están cuajados de uvas grandes y doradas. Los viñedos alsacianos se remontan a la época del imperio romano.


Mittelbergheim

Llegamos a Colmar al anochecer. Nuestro hotel  es el Ibis Budget  centre ville, un hotel demasiado básico, pero nuevamente, fue lo único que encontramos para  ocho, dentro de un presupuesto razonable. Pagamos el parking a parte, pero lo bueno es que podíamos ir caminando al centro y olvidarnos del coche por un rato, así que tras soltar las maletas, nos vamos a recorrer la preciosa ciudad iluminada.
Colmar de noche

 Íbamos buscando un restaurante que nos habían recomendado, L´Epicurien, pero se nos estaba haciendo tarde, no localizábamos el restaurante, y finalmente decidimos cenar en Schwendi (23, Grande Rue) un Winstub tradicional, con una decoración y comida típica alsaciana.  Estábamos muertos de hambre, así que pedimos a lo grande: chucrut tradicional, patatas gratinadas con jamón ahumado, cervezas de la zona y postres.  Todo riquísimo.  Nos volvemos al hotel a descansar.

A la mañana siguiente nos tomamos el desayuno buffet del Ibis: tostadas, zumos, café, algo de bollería, fruta… 5 euros por persona.  Perdemos la primera hora de la mañana planteándonos qué hacemos con el alojamiento. Pensábamos quedarnos una noche más en el Ibis, pero no estamos muy conformes con las habitaciones. Somos ocho, necesitamos cuatro habitaciones, algunos no se fían de ir a la aventura a buscar alojamiento por los pueblos de la zona, otros están seguros de encontrar algo mejor… finalmente hacemos una reclamación en el hotel, nos cambian de habitaciones, todos un poquito más contentos, nos vamos a recorrer la ciudad.
 Nos encanta Colmar. Todos estamos de acuerdo en que es un lugar de cuento de hadas, y nos vamos llevando agradables sorpresas en cada rincón.
Colmar

 Comenzamos la visita desde la Place de la mairie y el ayuntamiento. Recorremos la rue des cleffs hasta la rue Vauvan para ver en el número 7 el edificio de la cofradía de labradores, de 1626.

Bajamos por la Grand Rue y vamos viendo la iglesia protestante San Mateo, la place du 2 fevrier con el antiguo hospital y nos perdemos un buen rato callejeando tranquilamente por el barrio de los curtidores hasta el precioso edificio del Quartier des Tanneurs, en la esquina de la grand rue y la rue des marchands.

Seguimos por esta última calle, sin parar de admirar los edificios, hasta la Casa Pfister, el edificio del antiguo cuerpo de guardia,  la colegiata de San Martín y la casa Adolph.
Colmar
 Entramos a la plaza del museo Bartholdi, donde hay algunas preciosas esculturas del artista, aunque no estamos interesados en visitar el interior, pues no vamos sobrados de tiempo.

 Caminamos hasta la place des dominicains para ver la iglesia, la biblioteca municipal y rodeamos la manzana para ir a ver la fachada de la casa de las cabezas. A partir de aquí nos relajamos paseando tranquilamente por cada callejón que vemos, viendo tiendas… como hace un día precioso, las terrazas están a rebosar de turistas y hay un ambiente muy agradable por la calle, con músicos callejeros a cada rincón.
Colmar
 Nos encontramos con el Mercado Municipal, en la rue des vignerons, y entramos para echar un vistazo. Es un lugar bonito y pintoresco, donde se mezclan puestos con productos frescos a la venta, con otros que venden artículos gourmet para comer allí mismo.  Justo a la salida vemos un parque con columpios y encontramos la excusa perfecta para sentarnos un rato al sol, mientras Eire juega en los columpios y se relaciona con otros niños. Antes de la una, buscamos el restaurante L´Epicurien  de nuevo y esta vez lo encontramos sin problemas en el número 11 de la rue wickram. (http://www.tripadvisor.es/Restaurant_Review-g187073-d2326842-Reviews-L_Epicurien-Colmar_Haut_Rhin_Alsace.html)  El sitio es muy agradable y la comida está buenísima, pedimos los platos del día: una ensalada de cangrejo y guisantes, ensalada de paté de conejo y filetes de ternera en salsa de vino dulce y cebollas con puré de patatas especiado y un postre de chocolate. Todo espectacular. Además aprovechamos para probar un par de vinos de la zona, que nos encantaron.
L´Epicurien

 Con la tripa bien llena y el ánimo bien alto gracias a la degustación de vinos, nos vamos a disfrutar de la Pequeña Venecia, donde nos tiramos un buen rato disfrutando de las vistas desde los muelles, los puentes… al solecito y con ese marco inigualable.
Pequeña Venecia

 A las tres de la tarde, damos por concluida nuestra visita a Colmar, así que caminamos hasta el hotel, sacamos los coches del parking y nos vamos a Eguisheim. Como no sabemos qué tal se aparcará en el pueblo, no nos arriesgamos y dejamos el coche en la Rue des Merles, a las afueras. Vamos dando un agradable paseo hasta que encontramos una entrada al pueblo. Nos habían dicho que este pueblo era bonito, pero la verdad, nos pilló desprevenidos: es increíblemente bonito.  Tiene forma circular típica de los castros romanos y todas las calles forman círculos concéntricos alrededor de la plaza del mercado.
Eguisheim

Entramos hasta la plaza, para disfrutar de las vistas de la fuente renacentista, el castillo y la iglesia de Sainte Pierre et Saint Paul. Desde la plaza, comenzamos a recorrer en círculos una calle tras otra, ensimismados con la belleza del pueblo.
Eguisheim

 En muchas de las casas, venden embutidos, quesos, vinos y panes, y nos van dando a degustar a medida que vamos pasando, con lo que al final volvemos al coche cargados de compras.
Eguisheim

  Aun nos quedan algunas horas de luz, así que continuamos el camino por la  D417 dirección Turkheim. El paisaje de camino al pueblo es impresionante, siempre rodeados de viñedos,  de colores brillantes a la luz de la tarde, y las montañas con los castillos y torreones de telón de fondo.
 Tontos de nosotros, íbamos hablando que con lo que nos había impresionado Eguisheim, ya ningún pueblo nos gustaría tanto, pero resulta que Turkheim es un sitio maravilloso y en unos minutos, estamos embobados recorriendo las calles llenas de jardines y balcones floridos.

Turkheim
 Visitamos algunas bodegas, hasta que subiendo por la rue du conseil nos encontramos con las bodegas Hurst Marcel (http://www.earlhurst.com/). Entramos por que desde fuera los edificios son muy bonitos y llamativos, y además, acababan de meter un remolque lleno de uvas y estaban por allí faenando, así que no pudimos resistirnos a cotillear un poco.  Como entramos hasta dentro y no nos dijo nadie nada, aprovechamos para ver todo aquello, nos metimos hasta la cocina. Entonces preguntamos a uno de los trabajadores y nos dijo que la señora de la casa nos atendería y nos daría vinos a degustar. Cuando llamamos al timbre, una abuelita en bata y delantal nos atiende y nos dice con una sonrisa que ella ya está jubilada, que son sus hijos lo que llevan el negocio, pero como ahora está todo el mundo ocupado con la vendimia, nos atenderá ella. Nos invita a entrar en una sala y nos sirve unas copas de vino blanco, que va rellenando amablemente con toda la variedad que tiene a la venta, mientras responde amablemente a todas las preguntas que le hacemos sobre los vinos, la vendimia y las uvas de la zona. . Terminamos comprando de todo.  Cuando salimos está anocheciendo, estamos cansados y vemos una terraza preciosa en la misma calle, en el hotel des Deux Clefs. Nos sentamos un rato relajados, tomando algo, y descubrimos que el hotel es una preciosidad, que tiene habitaciones libres, y que la noche sale por unos 70 euros. Y nosotros con nuestras maletas en el Ibis de Colmar!!

  Nos vamos del pueblo pensando en buscar un sitio donde cenar algo ligero de camino a Colmar, y damos vueltas por los pueblos cercanos, disfrutando de las vistas de algunos de ellos iluminados, aunque todos se ven desiertos y no vemos ni un sitio para cenar. En Katzenthal vemos a unos trabajadores de la vendimia, aún con las botas puestas, que van a entrar por un portón de madera que parece una bodega y antes de que se metan dentro les paramos y les preguntamos dónde podemos cenar algo. El hombre nos dice que ese lugar donde van ellos es un winstub tradicional, muy antiguo y donde se come de maravilla. Así que encantados aparcamos los coches y entramos en caveau bacchus winstub (http://www.tripadvisor.es/Restaurant_Review-g1194619-d3224546-Reviews-Caveau_winstub_bacchus-Katzenthal_Haut_Rhin_Alsace.html). El sitio nos encanta, tiene una decoración muy curiosa, todo de madera, y con un montón de marionetas que se mueven  con mecanismos antiguos. Es una pasada. Nos atiende un señor muy agradable y estrafalario y  nos toma nota. Íbamos a tomar algo ligero, pues la comida había sido muy abundante a medio día, pero todo tenía tan buena pinta, y el hombre nos dice que todo es casero y tradicional… al final nos pegamos un festín: chukrut, patatas guisadas con carne y verduras,  filetes con ensalada y patatas, foie… y tarta flambeé de manzana y azúcar moreno de postre. Toda la cena amenizada con los espectáculos de marionetas, que a Eire le encantaron.

Caveau Bacchus Winstub
  Tras la cena, volvemos a Colmar, a dormir y descansar, que nos lo hemos ganado.

Nos levantamos con nuevas fuerzas y nos reunimos todos en el garage para abandonar el Ibis. Al marcharnos de Colmar, se despide de nosotros la réplica de la estatua de la libertad.

Seguimos ensimismados con los paisajes que nos rodean, parando en cada curva y en cada saliente de la carretera para disfrutar de las vistas y hacer fotos.

 Las vistas de Beblenheim desde varios puntos de la carretera nos entretienen durante un rato, pero decidimos continuar hasta Riquewihr.
Riquewihr
 Aparcamos en las afueras del pueblo, en la Place des Carpentiers, y comenzar la visita por la Puerta Alta. El pueblo es una preciosidad, de estilo medieval y posterior alzado renacentista,   y recorremos la Rue du Gaulle ensimismados, degustando todo tipo de pastas de coco, mazapanes, y bollitos que nos ofrecen por la calle.
Riquewihr
  Nos metemos a desayunar en una cafetería de la calle Gaulle, donde tienen buen café y bollería casera, pero donde la chica no es demasiado agradable. Tras el desayuno continuamos recorriendo cada calle del pueblo, que invita al paseo por sus cuidados edificios, repletos de balcones floridos, disfrutando de los aromas a vino, especias, pan y dulces que emana de sus tiendas y bodegas. Tras recorrer cada callejón de la ciudad, por dentro y por fuera de las murallas, nos vamos a las bodegas de Bernard Bronner, en la rue de Couronne (http://www.vinsbronner.com/).  El señor Bernard nos atiende de maravilla, nos da a degustar sus vinos, da respuesta a todas las preguntas curiosas que le hacemos, y aunque no hacen visitas a las bodegas, amablemente se ofrece a hacer una excepción y nos deja bajar para que veamos las barricas.
Bodegas Bernard Bronner
  Los vinos están tan buenos y el señor nos cae tan bien, que al final salimos de allí cargados hasta las orejas de botellas de vino. No sabemos ni como nos las arreglaremos en el avión de vuelta…

Dejamos el pueblo y tomamos la W111 hasta Hunawihr, sin resistir la tentación de seguir parando en cada recodo de la carretera. Hay que ver lo que nos gustan los viñedos!! 


La iglesia de Hunawihr nos sorprende gratamente y aunque el pueblo en sí tiene mucho encanto y es tan bonito como el resto de pueblos alsacianos, nos quedamos dando vueltas por la fuente Sainte Hune y el molino. Las vistas de la iglesia de Saint jacques de Majeur  y los viñedos desde allí son preciosas,  la plaza está llena de flores y justo al lado, los viticultores trabajan cargando los contenedores de uvas en tractores. Para nosotros es todo un espectáculo.  Como buenos guiris,  hacemos fotos de todo lo que nos rodea, nos asomamos a los contenedores,  nos hacemos fotos subidos en los tractores…
Hunawihr
Llegamos a Ribeauville  al medio día. Aparcamos junto al Jardin de Ville y desde allí, comenzamos a recorrer la Grand Rue. No nos cansamos de la arquitectura alsaciana por muchos pueblos que vemos, y Ribeauville nos encanta.
Ribeauville

  Las preciosas calles empedradas, las fachadas de colores, las vigas vistas, los atractivos saledizos,  los tejados triangulares repletos de nidos de cigüeña…  Le compramos a la niña dos cigüeñas de peluche en una tienda de la Grand Rue, para que los tenga de recuerdo de su viaje a Alsacia.  
Se nos está haciendo tarde para comer, como de costumbre,  y nos sentamos en la terraza del Hotel du Mouton, donde tomamos los platos del día: filetes de cerdo al parmesano y nuestro último chukrut del viaje.
Ribeauville
 Continuamos callejeando hasta que llegamos a la Place de la Republique y  desde allí regresamos hasta el coche disfrutando de nuestras últimas horas en Alsacia.


Nos resistimos a irnos y dejar esta preciosa región, el día es soleado, cálido y los viñedos están resplandecientes. Para despedirnos, nos trasladamos al castillo Haut Koenigsbourg,  donde disfrutamos de las últimas panorámicas de la llanura de Alsacia desde los miradores,  y de la impresionante arquitectura alemana del castillo.
Haut Koenigsburg

 Es uno de los pocos castillos de Alsacia que no se encuentra en ruinas, gracias a la restauración realizada en 1901 por la familia imperial alemana. Merece la pena una visita aunque sea rápida, como la nuestra, pues nuestro viaje llega a su fin.  Aún nos quedan por delante cuatro horas de camino en coche hasta nuestro destino, y nos despedimos de las encantadoras tierras alsacianas llevándonos un estupendo recuerdo,  preciosas fotos, muy buen sabor de boca, y el maletero lleno de vino.


Hasta siempre Alsacia!!